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Sexismo ambivalente y estilos de manejo de conflictos en estudiantes de bachillerato

Ambivalent Sexism and Conflict Handling Styles in High School Students


Estilos de Gestão de Conflitos Ambientais e de Conflitos em Estudantes do Ensino Médio

Alejandro César Antonio Luna-Bernal
Universidad de Guadalajara, México
aluna642@hotmail.com

Francisco Augusto Laca-Arocena
Universidad de Colima, México
francisco_laca@ucol.mx

 

Resumen
El presente estudio tuvo como objetivo analizar la relación entre el sexismo (hostil y benevolente) y los estilos de manejo de conflictos (agresivo, cooperativo y pasivo) que los estudiantes de bachillerato reportan emplear al manejar sus conflictos con sus compañeros de aula hombres y mujeres. La muestra (N = 282) estuvo compuesta por estudiantes de bachillerato de las ciudades de Guadalajara y de Colima, México, con rango de edad de 14 a 19 años. Los participantes respondieron el Cuestionario Conflictalk y el Inventario de Sexismo Ambivalente para Adolescentes. Se llevó a cabo un análisis correlacional de Pearson entre las variables de estudio en la submuestra de hombres (n = 126) y otro en la submuestra de mujeres (n = 156). En los resultados se encontró que, en los conflictos de los hombres con las mujeres, los estilos cooperativo y pasivo correlacionaron positivamente con Sexismo Benevolente, y el estilo agresivo con Sexismo Hostil. Por otra parte, en los conflictos de las mujeres con sus compañeras mujeres, el estilo agresivo correlacionó positivamente con Sexismo Hostil. Estos hallazgos sugieren que, probablemente, los adolescentes varones que presentan mayores creencias y actitudes sexistas benevolentes tiendan a adoptar actitudes y comportamientos más complacientes, cooperativos y/o evitativos frente a sus compañeras mujeres cuando tienen conflictos con ellas. Por el contrario, los adolescentes varones que presentan mayores creencias y actitudes sexistas hostiles posiblemente tienden a adoptar un estilo agresivo en los conflictos con sus compañeras mujeres. Por su parte, en la submuestra de mujeres, los resultados sugieren que, probablemente, las adolescentes que presentan mayores creencias y actitudes sexistas hostiles tiendan a adoptar un estilo agresivo en los conflictos con sus compañeras mujeres. Se discuten estos resultados en el marco de la Teoría del Sexismo Ambivalente y de la literatura sobre gestión de conflictos en la adolescencia.

Palabras clave:
conflictos escolares, sexismo hostil, sexismo benevolente, adolescentes, estilos de conflicto, resolución de conflictos.

Abstract
This paper aims to analyze the relationship between sexism (hostile and benevolent) and conflict styles (aggressive, cooperative, and passive) that teenagers reports to use in their conflicts with their classmates men and women. The sample (N = 282) was composed of high school students from the cities of Guadalajara and Colima (Mexico), of 14 to 19 years old. The participants answered the Conflictalk questionnaire, and the Ambivalent Sexism Inventory for Adolescents. A Pearson correlation analysis was performed between the variables in the sub-sample of men (n = 126) and another in the sub-sample of women (n = 156). In the findings, on the one hand, cooperative and passive styles were correlated positively with benevolent sexism, and aggressive style correlated positively with hostile sexism, in conflicts between men and women. On the other hand, the aggressive style was correlated positively with hostile sexism, in conflicts among women. These findings suggest that male teenagers with greater benevolent sexist beliefs and attitudes tend to manifest greater accommodating, cooperative and / or avoidant attitudes and behaviors toward their female classmates when they have conflicts with them. By contrast, male adolescent who have higher hostile sexist beliefs and attitudes tend to show an aggressive style in conflicts with their female classmates. In the sub-sample of women, the findings suggest that teenagers with greater hostile sexist beliefs and attitudes tend to present an aggressive style in conflicts with their female classmates. These findings are discussed within the framework of ambivalent sexism theory, and the literature on conflict management in teenagers.

Key words:
School conflicts, Hostile sexism, Benevolent sexism, Conflict styles, Adolescents, Conflict resolution.

Resumo
O presente estudo teve como objetivo analisar a relação entre o sexismo hostil e benevolente e os estilos de gerenciamento de conflitos (agressivos, cooperativos e passivos) que os estudantes do ensino médio relatam empregar ao lidar com seus conflitos com seus colegas de classe masculina e feminina . A amostra (N = 282) foi composta por alunos do ensino médio das cidades de Guadalajara e Colima, no México, com idade entre 14 e 19 anos. Os participantes responderam ao Questionário de Conflictalk e ao Inventário de Sexismo Ambivalente para Adolescentes. Uma análise de correlação de Pearson foi realizada entre as variáveis ​​do estudo na sub-amostra de homens (n ​​= 126) e outra na sub-amostra de mulheres (n = 156). Nos resultados, verificou-se que, nos conflitos dos homens com as mulheres, os estilos cooperativos e passivos correlacionaram-se positivamente com o sexismo benevolente e o estilo agressivo com o sexismo hostil. Por outro lado, nos conflitos das mulheres com suas companheiras, o estilo agressivo correlacionou-se positivamente com o Sexismo hostil. Esses achados sugerem que os adolescentes do sexo masculino que apresentam maiores convicções e atitudes sexistas benevolentes tendem a adotar atitudes e comportamentos mais acomodados, cooperativos e / ou evitadores em relação às suas homólogas quando eles têm conflitos com eles. Por outro lado, os meninos adolescentes do sexo masculino que têm mais crenças e atitudes sexistas hostis tendem a adotar um estilo agressivo em conflitos com suas contrapartes femininas. Na sub-amostra de mulheres, os resultados sugerem que os adolescentes com crenças e atitudes sexistas mais hostis tendem a adotar um estilo agressivo em conflito com suas contrapartes femininas. Esses resultados são discutidos no âmbito da Teoria do Sexismo Ambivalente e da literatura sobre o gerenciamento de conflitos na adolescência.

Palavras-chave:
conflitos escolares, sexismo hostil, sexismo benevolente, adolescentes, estilos de conflito, resolução de conflitos.

Fecha Recepción:
Marzo 2017     Fecha Aceptación: Julio 2017


 

Introducción
Existe actualmente un interés creciente por analizar las variables relacionadas con los estilos de manejo de conflictos que los adolescentes emplean en el contexto escolar; ello, en la medida en que dichos estilos podrían estar asociados a dinámicas destructivas, como son las vinculadas a los fenómenos de agresión (Garaigordobil, 2017; Garaigordobil y Martínez-Valderrey, 2015; Luna-Bernal y De Gante-Casas, 2015), o bien, al desarrollo de habilidades sociales que permitan al adolescente gestionar de manera constructiva su entorno favoreciendo su pleno desarrollo psicosocial (Alonso-Santana, 2015; Fahimi y Tarkhan, 2016).

Así, en relación a los estilos de manejo de conflictos de los adolescentes, se ha analizado el papel de variables tales como las actitudes hacia el conflicto y las habilidades de comunicación (Laca, Alzate, Sánchez, Verdugo y Guzmán, 2006); los patrones de toma de decisiones (Luna-Bernal, 2016 a), la empatía (Garaigordobil y Maganto, 2011; Luna-Bernal y De Gante-Casas, 2017), la asertividad y la autoestima (Luna-Bernal, De Gante-Casas y Gómez-Pérez, 2015), la inteligencia emocional (Luna-Bernal, 2016 b), entre otros.

A pesar de lo anterior, los antecedentes de estudios que hayan analizado específicamente la relación del sexismo con los estilos de manejo de conflictos en adolescentes son escasos (Garaigordobil, 2009; Pradas-Cañete y Perles-Novas, 2012); esto a pesar de la importancia que suele atribuírsele al género y a la discriminación de género como factor de relevancia para el análisis de la dinámica del conflicto y de los procesos de negociación y mediación (Olekalns, 2014; Overall, Sibley y Tan, 2011), así como para el estudio de las relaciones interpersonales en la adolescencia (Rebollo-Catalán, Ruiz-Pinto y García-Pérez, 2017; Rose, Smith, Glick y Schwartz-Mette, 2012), y específicamente de los conflictos entre pares adolescentes (Bascón-Díaz, 2014; Thayer, Updegraff y Delgado, 2008).
En este marco, y con la finalidad de contribuir al estudio del papel que el género y el sexismo pudieran tener en la dinámica de los conflictos entre pares adolescentes en el contexto escolar, es que el presente estudio se ha planteado como objetivo analizar en qué medida el Sexismo Ambivalente (Sexismo Hostil y Sexismo Benevolente), podría estar relacionado con los estilos de manejo de conflictos interpersonales (agresivo, cooperativo y pasivo) que los adolescentes estudiantes de bachillerato reportan emplear en las interacciones con sus compañeros de aula hombres y mujeres.

Sexismo ambivalente
Dentro de las contribuciones contemporáneas de la psicología social al estudio y la reflexión sobre el género, cabe destacar la Teoría del Sexismo Ambivalente, formulada originalmente por Glick y Fiske (1996). Dicha teoría goza actualmente de un amplio respaldo en investigaciones empíricas desarrolladas en distintos países, y ha mostrado ser útil en diversos estudios con adolescentes (Arenas-Rojas y Rojas-Solís, 2014; Etchezahar y Ungaretti, 2014; Ferragut, Blanca y Ortiz-Tallo, 2013; Garaigordobil y Aliri, 2013).

Según Kerner (2009), “la palabra sexismo fue introducida hacia el final de la década de 1960, en clara analogía con el racismo” (p. 187). El sexismo se define como “una actitud dirigida a las personas en virtud de su pertenencia a un determinado sexo biológico en función del cual se asumen diferentes características y conductas” (Lameiras-Fernández, 2004, p. 92). Según lo que explican Expósito, Moya y Glick (1998), conceptualmente puede ser calificada como “sexista” toda evaluación (positiva o negativa) que se haga de una persona en las dimensiones cognitiva, afectiva y conductual, tomando como base la categoría sexual biológica a la que pertenece esa persona (hombre o mujer).

A pesar de lo anterior, tal como explican Pradas-Cañete y Perles-Novas (2012), en la práctica, el término "sexismo" suele asociarse exclusivamente a actitudes negativas hacia las mujeres. Ello se debe a que tradicionalmente el sexismo ha sido entendido como una actitud de hostilidad y aversión hacia ellas (Glick y Fiske, 1996, 1997). Sin embargo, esta caracterización tradicional del sexismo que lo asociaba exclusivamente a una evaluación negativa de las mujeres, no tomaba en cuenta las actitudes benévolas que tradicionalmente se han tenido también hacia ellas en sus papeles de madres, esposas y objetos románticos, en los cuales se les considera objeto de veneración (Rodríguez-Castro, Lameiras-Fernández, Carrera-Fernández y Faílde-Garrido, 2009).

De acuerdo con Glick y Fiske (1996, 1997), aunque estas actitudes benévolas estén asociadas a un tono afectivo positivo, son sexistas ya que contribuyen a la discriminación de género al reforzar los estereotipos y roles tradicionales, representando a las mujeres como "criaturas que deben ser protegidas, ayudadas y adoradas, y cuyo amor es necesario para hacer a un hombre completo" (Glick y Fiske, 2001, p. 109).

Por lo anterior, y con el fin de conceptualizar adecuadamente ambos aspectos del sexismo (tanto su aspecto hostil como benevolente), Glick y Fiske (1996) propusieron su Teoría del Sexismo Ambivalente. Dicha teoría sostiene que el sexismo se caracteriza por la ambivalencia y no sólo por la antipatía. De acuerdo con Briñol, Falces y Becerra (2007), las actitudes ambivalentes se presentan cuando una persona mantiene simultáneamente dos evaluaciones de signo opuesto hacia el mismo objeto de actitud. En el caso del sexismo, la ambivalencia consistiría en que se presentan subjetivamente en el individuo actitudes simultáneas de signo negativo (hostilidad) y de signo positivo (benevolencia) hacia el mismo objeto de actitud, que en este caso son las mujeres como grupo (Glick y Fiske, 1996). De ahí que, de acuerdo con esta teoría, se postulen dos tipos de sexismo: a) el Sexismo Hostil, y b) el Sexismo Benevolente.

De acuerdo con Glick y Fiske (1996), el Sexismo Hostil se define como un conjunto de actitudes de prejuicio y conductas discriminatorias hacia las mujeres basadas todas ellas en la creencia de la supuesta inferioridad de las mujeres como grupo, que coincide con el sexismo en el sentido tradicional. Por su parte, el Sexismo Benevolente consiste, de acuerdo a estos autores, con un conjunto de actitudes hacia las mujeres que refuerzan los estereotipos y roles tradicionales de género, pero que se presentan subjetivamente en el individuo sexista con un tono afectivo positivo que suscita en él conductas típicamente caracterizadas como prosociales hacia las mujeres (por ejemplo, de ayuda) o de búsqueda de intimidad con ellas (por ejemplo, la autorrevelación). Según Ferragut et al. (2013), el Sexismo Benevolente se refiere a la creencia de que las mujeres son un grupo que necesita protección debido a su debilidad.

A fin de comprender adecuadamente el carácter del Sexismo Benevolente es importante diferenciar este constructo respecto del Neosexismo. El Neosexismo ha sido definido en la literatura como la "manifestación de un conflicto entre los valores igualitarios y los sentimientos residuales negativos hacia las mujeres" (Garaigordobil y Durá, 2006, p. 129). Se le ha considerado como un prejuicio "nuevo" o "moderno" debido a que su surgimiento está relacionado con el surgimiento de una cultura de base igualitaria dentro de la cual no resulta ser "políticamente correcto" el manifestar abiertamente actitudes y creencias sexistas. Así, el Neosexismo se refiere al fenómeno de manifestar dichas actitudes y creencias sexistas de una manera sutil y velada, mientras se busca mantener una buena imagen frente al público.

De acuerdo con Glick y Fiske (2011), a diferencia del Neosexismo el Sexismo Benevolente no constituye un nuevo tipo de prejuicio, sino un prejuicio "antiguo"; ello en la medida en que a lo largo de la historia las mujeres que asumen los roles tradicionales han sido objeto de protección y veneración. A menudo no se reconoce a este tipo de benevolencia como prejuicio sexista debido, precisamente, al afecto positivo que le acompaña.

Además, a este respecto es importante considerar, de acuerdo con Glick y Fiske (1996, 1997), que la ambivalencia implica genuinos sentimientos subjetivos de benevolencia y hostilidad hacia las mujeres ya que están basados en creencias que los sujetos realmente asumen. Dicen los autores: "Nosotros proponemos que los hombres sexistas tienen genuinamente sentimientos positivos, así como actitudes hostiles hacia las mujeres y que el deseo de proyectar y proteger una imagen es mucho menos relevante para explicar la conducta sexista" (Glick y Fiske, 1996, p. 494).

Según Glick y Fiske (1996, 1997), los fundamentos de la ambivalencia hacia las mujeres se encuentran en condiciones biológicas y sociales comunes a todas las culturas donde, por una parte, los hombres poseen el poder estructural, y por otra, las mujeres gozan de poder diádico. El poder estructural se refiere al hecho de que los hombres poseen el control de las instituciones económicas, legales y políticas de la sociedad. Por su parte, el poder diádico se refiere al procedente de la dependencia en las relaciones entre dos personas. Según los autores, los hombres dependen de las mujeres para la reproducción y, generalmente, para la satisfacción de sus necesidades afectivo-sexuales, lo cual les proporciona a ellas poder diádico.

Si el sexismo fuera solamente hostil, dicho trato sólo crearía resentimiento por parte de las mujeres; por ello, dado que los hombres no sólo dominan sino que también dependen de las mujeres, necesitan debilitar su resistencia ofreciéndoles recompensas en forma de protección, idealización y afecto (Glick y Fiske, 2001). Así, mientras el poder estructural de los hombres sobre las mujeres favorece el Sexismo Hostil, el poder diádico de éstas favorece el Sexismo Benevolente.

De acuerdo con Glick y Fiske (2011), existe un consenso teórico en caracterizar a la ambivalencia como un estado mentalmente conflictivo, en el que no es posible que las personas admitan ambas actitudes de signo opuesto hacia el mismo objeto; de ahí la pregunta acerca de cómo los sujetos sexistas logran mantener la ambivalencia frente a las mujeres (Lee, Fiske y Glick, 2010). Según Glick y Fiske (1996), unos de los modos en que se evitan los conflictos entre actitudes positivas y negativas hacia las mujeres es clasificándolas en subgrupos. De acuerdo con ello, el  Sexismo Hostil se aplica como un castigo a las mujeres no tradicionales (por ejemplo, mujeres profesionales y feministas) porque no se sujetan a los roles de género tradicionales y por alterar con ello las relaciones de poder entre hombres y mujeres; por su parte, el Sexismo Benevolente se utiliza como una recompensa para las mujeres que cumplen con los roles tradicionales (Glick y Fiske, 1996, 2001). Así, ambos tipos de sexismo se complementan actuando “como un sistema articulado de recompensas y castigos con la finalidad de que las mujeres sepan cuál es su posición en la sociedad” (Rodríguez-Castro et al., 2009, p. 133). Según Glick y Fiske (2011), las actitudes sexistas positivas y negativas "reflejan ideologías complementarias que se refuerzan mutuamente" (p. 532) ya que ambas tendrían un fin común: "mantener un estatu quo tradicional de género" (p. 532).

Como se señaló, el presente estudio tiene como objetivo analizar la relación entre el sexismo (hostil y benevolente) y los estilos de manejo de conflictos (agresivo, cooperativo y pasivo) que los adolescentes estudiantes de bachillerato reportan emplear para manejar los conflictos que se les presentan con sus compañeros hombres y mujeres en el contexto escolar.

Estilos de manejo de conflictos
De acuerdo con Ann y Yang (2012), los estilos de manejo de conflictos pueden definirse como "los patrones de comportamiento específicos que los individuos emplean cuando se enfrentan con el conflicto" (p. 1021). En la literatura académica se han formulado diversos modelos para conceptualizar y evaluar estos estilos (Blake y Mouton, 1970; Rahim, 1983; Ross y DeWine, 1988; Rubin, Pruitt y Kim, 1994; Thomas y Kilmann, 1974). La presente investigación se apoyará en el desarrollado por Kimsey y Fuller (2003), el cual fue propuesto específicamente para adolescentes desde un enfoque comunicativo.

Kimsey y Fuller (2003) destacan la importancia de que los adolescentes y jóvenes se expresen en su propio lenguaje. El lenguaje de los adolescentes, dicen, es parte de su cultura y es considerado por ellos como el vehículo de la comunicación más sincera. De ahí que, de acuerdo con los autores, en la medida en que los adolescentes puedan utilizar su lenguaje característico para expresarse en situaciones de conflicto, serán más hábiles para manejarlos.

Tomando en cuenta lo anterior, Kimsey y Fuller (2003) propusieron tres estilos de mensajes verbales a través de los cuales los adolescentes manejan sus conflictos interpersonales:

  1. El estilo enfocado hacia sí mismo (self-focus) (rinoceronte-agresivo). Consiste en estar centrado en sí mismo durante el conflicto queriendo que las cosas se hagan a la manera propia, actuando de manera agresiva y autoritaria frente a la contraparte.
  2. El estilo enfocado hacia el problema (problem focus) (delfín-cooperativo). Consiste en mostrar interés por la causa del conflicto y por identificar concretamente el problema en colaboración con la contraparte. El interés se centra en encontrar la mejor solución de manera cooperativa.
  3. El estilo enfocado hacia los otros (other-focus) (avestruz-pasivo). Consiste en actuar de manera pasiva frente al conflicto. Se basa en pensar que el conflicto siempre es malo, queriendo que la otra parte sea feliz.

Los símbolos de animales son utilizados por los autores como dispositivos mnémicos para facilitar la asociación de la conducta de dichos animales con los estilos de conflicto correspondientes.

Este modelo de Kimsey y Fuller (2003) ha sido empleado anteriormente en estudios llevados a cabo en España (Garaigordobil, 2009, 2012, 2017; Garaigordobil y Maganto, 2011; Garaigordobil y Martínez-Valderrey, 2015; Garaigordobil et al., 2016) y en México (Laca et al., 2006) mostrando ser útil para analizar y evaluar los estilos de manejo de conflictos de los adolescentes de habla hispana.
Considerando la mencionada utilidad que ha mostrado tener el modelo de Kimsey y Fuller (2003) para la investigación con adolescentes, el presente estudio se decidió apoyarse en él para analizar la relación entre el sexismo y los estilos de manejo de conflictos que los estudiantes de bachillerato reportan emplear con sus compañeros hombres y mujeres. Lo anterior, como se dijo, considerando al sexismo tanto en su aspecto hostil como benevolente.

Sexismo ambivalente y estilos de manejo de conflictos

Como se señaló al comienzo de este trabajo, en la literatura académica existen pocos estudios que se hayan enfocado en analizar, específicamente, la relación del Sexismo Ambivalente con los estilos de manejo de conflictos. En la revisión bibliográfica llevada a cabo durante la presente investigación se lograron identificar cinco estudios significativos a este respecto: uno realizado con parejas heterosexuales adultas (Overall et al., 2011), y cuatro efectuados con adolescentes. De estos últimos, sólo uno analiza la relación de las escalas del Conflictalk con el constructo de Neosexismo (Garaigordobil, 2009), otro estudia la relación del Neosexismo con cooperatividad y habilidades sociales (Garaigordobil y Durá, 2006) y los otros evalúan la relación del Sexismo Ambivalente con la resolución de conflictos (Pradas-Cañete y Perles-Novas, 2012), y con competencias sociales (Donado-Badillo, 2010). Como puede observarse, no se aprecian estudios que hayan analizado específicamente la relación de los estilos de manejo de conflictos con el Sexismo Ambivalente en adolescentes.

El estudio mencionado de Overall et al. (2011) se realizó en Nueva Zelanda con 91 parejas heterosexuales con edades de 18 a 32 años para las mujeres, y de 18 a 45 para los varones. Estos investigadores encontraron que un mayor Sexismo Hostil se relacionó con una mayor hostilidad y menor apertura por ambos miembros de la pareja; por el contrario, los hombres con mayor Sexismo Benevolente se mostraron más abiertos a la influencia de sus parejas, se comportaron con menos hostilidad y sus discusiones tuvieron más éxito. De acuerdo con los autores, "estos beneficios en las relaciones ilustran porqué el BS es efectivo para desarmar la resistencia de las mujeres a las inequidades" (Overall et al., 2011, p. 271). Según los autores, el Sexismo Benevolente reduce la amenaza del poder diádico de las mujeres al venerar y respetar su papel en las relaciones interpersonales (al tiempo que restringe su influencia fuera del dominio de la relación). Sin embargo, cuando las mujeres eran las que sostenían creencias sexistas benevolentes y sus parejas no lo hacían, ellas se comportaron con mayor hostilidad, fueron menos abiertas y percibieron sus discusiones como menos exitosas. Según Overall et al. (2011), esto último puede deberse a que las mujeres con mayor Sexismo Benevolente tienden a reaccionar más negativamente cuando sus expectativas no se realizan.

Por su parte, en el informe de investigación titulado Evaluación del programa Dando pasos hacia la paz, Garaigordobil (2009) reportó los resultados de estudios de validación convergente y discriminante de la Escala de Neosexismo realizados en España con una muestra de 313 estudiantes con edades de 13 a 17 años. Dentro de los mencionados resultados, la autora señaló una correlación positiva del Neosexismo con el estilo de resolución de conflictos agresivo (r = .25) y con el estilo pasivo-evitativo (r = .16); así como una correlación inversa con el estilo cooperativo (r = -.16).

Por otro lado, Garaigordobil y Durá (2006) realizaron un estudio en el País Vasco con una muestra de 322 adolescentes de 14 a17 años, quienes respondieron nueve instrumentos de evaluación entre los cuales se encontraban una escala de Neosexismo, otra que evaluaba la capacidad de cooperación y otra que medía las habilidades sociales. Llevado a cabo el análisis, sus resultados mostraron que los adolescentes neosexistas tenían baja capacidad de cooperación y pocas habilidades sociales apropiadas.

Pradas-Cañete y Perles-Novas (2012) realizaron un estudio con 608 adolescentes entre 14 y 19 años en cinco institutos de Málaga, España. Utilizaron la Escala de Tácticas de Conflicto Modificada (M-CTS) (Muñoz-Rivas, Andreu-Rodríguez, Graña, O'Leary y González, 2007) y el Inventario de Sexismo Ambivalente para Adolescentes (Lemus, Castillo, Moya, Padilla y Ryan, 2008). En sus resultados, el sexismo no correlacionó de manera estadísticamente significativa con resolución de conflictos. Cabe señalar, sin embargo, que los autores no evaluaron esta relación tomando en cuenta por separado las diversas escalas de tácticas de conflicto que comprende el instrumento M-CTS (argumentación, agresión física y agresión psicológica), sino que consideraron solamente un solo puntaje global de "resolución de conflictos" propio del participante y otro puntaje global de "resolución de conflictos" percibida en la pareja. De manera similar, consideraron sólo un puntaje global de sexismo, sin diferenciar los puntaje de Sexismo Hostil y Benevolente.
Finalmente, en un estudio llevado a cabo por Donado-Badillo (2010) con una muestra de 846 adolescentes escolarizados colombianos con edades de 14 a 17 años, el autor evaluó la relación del Sexismo Ambivalente con competencias sociales. En la muestra de hombres, el Sexismo Hostil correlacionó positivamente con Dominancia mientras que el Sexismo Benevolente correlacionó positivamente con Conformidad, Sensibilidad social, Ayuda-colaboración, Seguridad y firmeza, y Liderazgo prosocial. Por su parte, en la muestra de mujeres, el Sexismo Hostil correlacionó significativamente de manera positiva con Agresividad, Dominancia y Ansiedad-timidez, y presentó una correlación negativa con Ayuda-colaboración; mientras que el Sexismo Benevolente correlacionó positivamente con Liderazgo prosocial, Agresividad, Dominancia y Ansiedad-timidez.

Como puede observarse, a pesar de que los estudios previos presentan enfoques y metodologías divergentes, sus hallazgos parecen sugerir una posible relación directa del Sexismo Hostil con un estilo agresivo de manejo de conflictos e inversa con un estilo cooperativo. Por su parte, el Sexismo Benevolente podría estar asociado positivamente con un estilo cooperativo.

Como se señaló, y con el fin de contribuir a generar conocimientos sobre estos fenómenos, el presente estudio se planteó como objetivo analizar la relación entre el sexismo (hostil y benevolente) y los estilos de manejo de conflictos (agresivo, cooperativo y pasivo) que los adolescentes estudiantes de bachillerato reportan emplear para manejar los conflictos que se les presentan con sus compañeros hombres y mujeres en el contexto escolar.

MÉTODO

Participantes

La muestra estuvo compuesta por 282 estudiantes de bachillerato de las ciudades de Guadalajara y de Colima (México), con rango de edad de 14 a 19 años (M = 16.53, DE = 1.20), de los cuales 126 (44.7%) fueron hombres y 156 (55.3 %) mujeres. En la tabla 1 se presenta la distribución por género y edad de los participantes.

Tabla 1. Distribución de los participantes por género y edad

 

Hombres

Mujeres

Total

14 y 15 años

24 (8.5 %)

43 (15.2 %)

67 (23.8 %)

16 años

36 (12.8 %)

44 (15.6 %)

80 (28.4 %)

17 años

30 (10.6 %)

31 (11 %)

61 (21.6 %)

18 y 19 años

36 (12.8 %)

38 (13.5 %)

74 (26.2 %)

Total

126 (44.7 %)

156 (55.3 %)

282 (100 %)

Fuente: elaboración propia. Nota: los porcentajes son con respecto a la muestra total.

Instrumentos
Inventario de Sexismo Ambivalente para Adolescentes
Es un cuestionario de autoinforme que evalúa las actitudes ambivalentes (hostiles y benevolentes) hacia las mujeres. Se compone de 20 reactivos divididos en dos escalas: a) Sexismo hostil y b) Sexismo benevolente.

Cada uno de los reactivos es una afirmación que representa actitudes sexistas hostiles o benevolentes hacia las mujeres, por ejemplo: "Los chicos deben controlar con quién se relacionan sus novias" (reactivo 2); "Las chicas suelen exagerar sus problemas" (reactivo 10); "Los chicos deben cuidar a las chicas" (reactivo 14); "Las chicas tienen una mayor sensibilidad hacia los sentimientos de los demás que los chicos" (reactivo 17). El formato de respuesta es una escala de seis puntos que va desde 1 = "Muy en desacuerdo" hasta 6 = "Muy de acuerdo". Para su calificación se obtiene la media aritmética de las respuestas de los participantes en cada una de las dos escalas del cuestionario y otra para el instrumento total.

El  Inventariode Sexismo Ambivalente para Adolescentes fue elaborado originalmente por Lemus et al. (2008) con el fin de contar con un instrumento diseñado específicamente para población adolescente. Con base en la Teoría del Sexismo Ambivalente de Glick y Fiske (1996) construyeron un conjunto de reactivos que fueron evaluados cualitativamente por un grupo de cinco expertos. Posteriormente, en un estudio con una muestra de 364 estudiantes de Educación Secundaria y Bachillerato de Granada (España), con media de edad en 15.21 años, los autores analizaron las propiedades de los reactivos y exploraron la composición factorial del instrumento. Finalmente, en otro estudio con 397 estudiantes con media de edad en 14.18 años, se confirmó su estructura factorial y se estudió su validez convergente y discriminante. Los autores concluyeron que el instrumento posee características adecuadas para obtener mediciones fiables y válidas en la evaluación de actitudes sexistas ambivalentes en población adolescente. Los índices alfa de Cronbach reportados por Lemus et al. (2008) fueron de .84 para Sexismo Hostil, de .77 para Sexismo Benevolente, y de .81 para el instrumento total.

Por nuestra parte, las confiabilidades alfa de Cronbach obtenidas con la muestra del presente estudio fueron de .86 y .84 para las escalas de Sexismo Hostil y Sexismo benevolente, así como de .90 para el instrumento total.

Cuestionario Conflictalk
Este instrumento informa sobre la frecuencia con que los participantes perciben utilizar los tres estilos de manejo de conflictos propuestos por Kimsey y Fuller (2003). Está compuesto por 18 reactivos divididos en tres escalas: a) estilo enfocado hacia sí mismo (rinoceronte-agresivo), b) estilo enfocado hacia el problema (delfín-cooperativo), y c) estilo enfocado hacia los otros (avestruz-pasivo). Cada uno de los reactivos es una oración que representa un mensaje dado por un individuo a su contraparte en una situación de conflicto interpersonal, por ejemplo: "No se me da bien esto. Simplemente, no sé cómo hacer que te sientas mejor" (reactivo 2) o "¿Qué está pasando? Necesitamos hablar" (reactivo 3), o bien "¡Cállate! ¡No tienes razón! No voy a escucharte" (reactivo 8). Para contestar, se le pide al participante que indique con qué frecuencia él ha utilizado, en sus conflictos, mensajes similares a los representados en cada reactivo. El formato de respuesta es una escala Likert de cinco puntos que va desde 1 = "Nunca he dicho cosas como esto", hasta 5 = "Siempre he dicho cosas como esto". Para la calificación del Conflictalk se obtienen las medias y desviaciones típicas de los participantes en cada una de las tres escalas.

El Conflictalk fue desarrollado por Kimsey y Fuller (2003) en un estudio con una muestra de 500 estudiantes de educación básica (elementary, 4 y 5 grado; n = 222), media básica (middle 6, 7 y 8 grado; n = 133) y bachillerato (high school, 9, 10, 11 y 12 grado; n = 145). Los autores reportaron una confiabilidad de .81., 87 y .63 para las escalas agresivo, cooperativo y pasivo, respectivamente. Por su parte, Laca et al. (2006) llevaron a cabo la traducción de este instrumento a la lengua castellana y su correspondiente validación trabajando con una muestra (N = 526) de estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato de la ciudad de Colima, Colima (México) con rango de edad de 9 a 17 años.  Posteriormente, en España, Garaigordobil (2009) llevó a cabo estudios de validación del Conflictalk con muestras (N = 313, 285 y 123) de adolescentes entre 15 y 17 años obteniendo datos adecuados de fiabilidad y validez para muestras de adolescentes hispanohablantes. Recientemente, Garaigordobil, Machimbarrena y Maganto (2016) presentaron un nuevo trabajo sobre las propiedades del Conflictalk en un estudio con una muestra de 2 283 participantes del País Vasco, con rango de edad de 12 a 17 años. Los índices de confiabilidad reportados por estos últimos autores fueron de .77., 90 y .70 para las escalas agresivo, cooperativo y pasivo, respectivamente.

Dado que el objetivo del presente estudio fue analizar la relación de los estilos de manejo de conflictos con el sexismo ambivalente, se consideró adecuado evaluar de manera diferenciada los estilos utilizados por los adolescentes con sus compañeros hombres y mujeres. Con esa finalidad, se modificó el formato de respuesta del Conflictalk poniendo dos grupos de columnas: uno relativo a los conflictos con compañeras mujeres y otro referente a los conflictos con compañeros hombres (ver el Anexo 1). Así, respecto de cada participante se obtuvieron seis puntuaciones: a) estilo agresivo con hombres, b) estilo cooperativo con hombres, c) estilo pasivo con hombres, d) estilo agresivo con mujeres, e) estilo cooperativo con mujeres, y f) estilo pasivo con mujeres. Las confiabilidades alfa de Cronbach obtenidas con la muestra del presente estudio fueron de .74, .85, .75, .73, .85, y .70, respectivamente.

Procedimiento
Se solicitó el permiso y la colaboración correspondiente por parte de las autoridades escolares. En el aula de clases se informó a los estudiantes sobre el objetivo de la investigación y se les invitó a participar de manera absolutamente voluntaria y anónima. Se les explicó que en estos instrumentos no hay respuestas buenas ni malas y se les invitó a contestar con sinceridad, garantizándoles el manejo estrictamente confidencial y estadístico de la información y su uso para fines exclusivamente científicos.

RESULTADOS

Se llevó a cabo un análisis correlacional de Pearson entre las variables de estudio en la submuestra de hombres (n = 126) y otro en la submuestra de mujeres (n = 156). Como se puede observar en la tabla 2, en los conflictos de los adolescentes varones con sus compañeras mujeres el estilo agresivo correlacionó significativamente con Sexismo Hostil, mientras que los estilos cooperativo y pasivo correlacionaron significativamente con Sexismo Benevolente. Por su parte, en los conflictos de las estudiantes mujeres con sus compañeras el estilo agresivo correlacionó positivamente con Sexismo Hostil. Finalmente, en los conflictos de mujeres con hombres, y de hombres con hombres, las correlaciones resultaron ser débiles y no significativas.

Tabla 2. Correlaciones Pearson entre estilos de manejo de conflictos y Sexismo Ambivalente en la submuestra de hombres (n = 126) y de mujeres (n = 156)

 

Sexismo hostil

Sexismo benevolente

Conflictos de hombres con mujeres

 

 

Estilo cooperativo

.00

.21*

Estilo pasivo

-.01

.23**

Estilo agresivo

.20*

.13

Conflictos de hombres con hombres

 

 

Estilo cooperativo

.05

.12

Estilo pasivo

.01

.03

Estilo agresivo

.16

.06

Conflictos de mujeres con mujeres

 

 

Estilo cooperativo

-.02

.06

Estilo pasivo

.06

.15

Estilo agresivo

.16*

.07

Conflictos de mujeres con hombres

 

 

Estilo cooperativo

.04

.02

Estilo pasivo

.13

.09

Estilo agresivo

.10

.10

Fuente: elaboración propia. Nota: * p < .05, ** p < .01

DISCUSIÓN
El presente estudio tuvo como objetivo analizar la relación entre el Sexismo Ambivalente y los estilos de manejo de conflictos que los adolescentes estudiantes de bachillerato reportan emplear para gestionar los conflictos que se les presentan con sus compañeros hombres y mujeres. Lo anterior, con el fin de contribuir al estudio del papel que el sexismo pudiera tener en la dinámica de los conflictos entre pares adolescentes en el contexto escolar.

Submuestra de hombres       
Tal como se pudo observar, al analizar las puntuaciones de los adolescentes varones resultó que, en los conflictos con sus compañeras mujeres, los estilos cooperativo y pasivo correlacionaron significativamente con Sexismo Benevolente, mientras que el estilo agresivo correlacionó significativamente con Sexismo Hostil. Estos hallazgos sugieren que, probablemente, los adolescentes varones que presentan mayores creencias y actitudes sexistas benevolentes tiendan a adoptar actitudes y comportamientos más complacientes, cooperativos y/o evitativos frente a sus compañeras mujeres cuando tienen conflictos con ellas. Por el contrario, los mencionados hallazgos sugieren también que, probablemente, los adolescentes varones que presentan mayores creencias y actitudes sexistas hostiles tiendan a adoptar un estilo agresivo en los conflictos con sus compañeras mujeres.

Este resultado es congruente con lo reportado por Garaigordobil y Durá (2006), donde el Neosexismo correlacionó en la muestra de hombres con habilidades sociales negativas, así como con Garaigordobil (2009), quien reportó una correlación entre el estilo agresivo y Neosexismo, y con Donado-Badillo (2010), donde el Sexismo Hostil correlacionó positivamente con Dominancia.  Asimismo, es congruente con el estudio de Overall et al. (2011), donde un mayor Sexismo Hostil se relacionó con una mayor hostilidad y menor apertura.

Como se señaló, de acuerdo a la Teoría del Sexismo Ambivalente, una manera en que los hombres evitan la disonancia cognitiva entre sus actitudes positivas y negativas hacia las mujeres es clasificándolas en subgrupos, uno de mujeres “tradicionales” y otro de mujeres “no tradicionales”, de modo que ambos tipos de sexismo se complementan actuando “como un sistema articulado de recompensas y castigos con la finalidad de que las mujeres sepan cuál es su posición en la sociedad” (Rodríguez et al., p. 133). En conformidad con ello, sería esperable que el Sexismo Hostil se aplicara como un "castigo" a las mujeres percibidas como no tradicionales (por no sujetarse a los roles de género tradicionales y alterar las relaciones de poder entre hombres y mujeres) y, por tanto, que los adolescentes varones sexistas hostiles se inclinen a adoptar actitudes agresivas y competitivas en los conflictos con ellas como una manera de "castigar" su inadecuación a dichos estereotipos afirmando su posición de poder estructural.

Por su parte, de acuerdo con la Teoría del Sexismo Ambivalente, el Sexismo Benevolente se utiliza como una recompensa para las mujeres que cumplen con los roles tradicionales de género; de manera que es posible interpretar que un mayor uso de estilos pasivos, complacientes y cooperativos por parte de los varones sexistas benevolentes en los conflictos con sus compañeras mujeres, probablemente sea una manera de "premiar" la adecuación de ellas a las características de género tradicionales, en la medida en que ellos creen que las mujeres tradicionales necesitan de su ayuda y protección. De esta manera, a través de la adopción de un estilo cooperativo, complaciente o pasivo hacia las mujeres percibidas como "tradicionales" en los conflictos, los varones sexistas benevolentes responden al poder diádico de éstas mostrándoles consideración. Además, de acuerdo con Montañés-Muro (2012), es posible que esta mayor benevolencia se deba también a una estrategia para resultarles más atractivos a las adolescentes y obtener posiciones más ventajosas en sus relaciones con ellas.

Submuestra de mujeres
Al analizar las puntuaciones de las adolescentes mujeres se encontró una correlación positiva del estilo agresivo con Sexismo Hostil en los conflictos con sus compañeras mujeres. Este hallazgo sugiere que, probablemente, las adolescentes que presentan mayores creencias y actitudes sexistas hostiles tiendan a adoptar un estilo agresivo en los conflictos con sus compañeras mujeres. Este resultado es congruente con los estudios señalados de Garaigordobil (2009), Donado-Badillo (2010) y Overall et al. (2011). Además, este hallazgo concuerda con un estudio en el que se encontró que el sexismo tradicional genera hostilidad entre las mujeres (Barreto y Ellemers, 2005). Igualmente, en su colaboración para el Handbook of Conflict Resolution, Olekalns (2014) señala que "las investigaciones muestran que las mujeres están más frustradas por los conflictos con otras mujeres, son más propensas a competir y a tomar represalias cuando negocian con otras mujeres, y son menos cooperativas en respuesta a otras mujeres" (pp. 364-365).

De acuerdo con Lemus, Moya y Glick (2010), es probable que al iniciar relaciones románticas con los hombres, la chicas se vean influenciadas por las creencias y actitudes de éstos. Así, es posible que las mujeres utilicen el Sexismo Hostil para mostrar que no encajan en los "tipos" de mujer que los chicos suelen despreciar abiertamente con la finalidad de parecerles más atractivas. Según Pradas-Cañete y Perles-Novas (2012), la presencia de Sexismo Ambivalente en las relaciones de pareja adolescentes implica la posibilidad de que las diferencias de poder coexistan con la atracción heterosexual.

De acuerdo con Donado-Badillo (2010), el sexismo se ve reforzado por la confluencia de dos mecanismos: a) que los grupos dominantes justifican sus privilegios mediante ideologías que afirman su superioridad y a través de la exageración de las diferencias percibidas con otros grupos; y b) que estos privilegios y diferencias frecuentemente son aceptados por miembros de los grupos socialmente subordinados "que son pasivos y cooperantes con su propia discriminación, proporcionando al sistema jerárquico una mayor fuerza y estabilidad" (p. 331).

CONCLUSIONES

Los resultados del presente estudio sugieren que, en general, el Sexismo Ambivalente es una variable de relevancia para la explicación y comprensión de la dinámica de los conflictos de los adolescentes en el contexto escolar, particularmente en lo que refiere a los conflictos interpersonales con sus compañeros de aula.

Específicamente, el presente estudio aporta evidencia acerca de que el Sexismo Hostil podría estar relacionado con la asunción de un estilo agresivo de gestión de conflictos frente a las adolescentes mujeres en el contexto escolar; esto tanto por parte de sus compañeros hombres como de sus propias compañeras mujeres. En segundo lugar, este trabajo aporta evidencia sobre el hecho de que el Sexismo Benevolente podría estar asociado con el empleo de estilos cooperativos y pasivos por parte de los hombres en sus conflictos con mujeres.

La relevancia de esos resultados, así como la centralidad del desarrollo del género en la adolescencia, aconsejan realizar más estudios que permitan profundizar en los hallazgos obtenidos, tomando en cuenta la escasez de estudios que actualmente se han llevado a cabo al respecto.

Entre las limitaciones del presente trabajo habría que señalar la naturaleza correlacional de los datos, la cual no permite establecer relaciones causales entre las variables analizadas. Además de lo anterior, sería recomendable en futuros estudios analizar la interacción que puede haber entre las variables consideradas y algunas otras de relevancia, tales como el sexismo hacia los hombres, el neosexismo, la ideología de género, entre otras.

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ANEXO 1. Muestra del cuestionario Conflictalk
(Kimsey y Fuller, 2003; Laca et al., 2006; Garaigordobil et al., 2016; versión modificada para el presente estudio)

INDICACIONES

Enseguida encontrarás una lista de mensajes dados por personas en situaciones de conflicto. Considera cada mensaje y decide en qué medida se parece a lo que tú has dicho a tus compañeros de aula en situaciones de conflicto. Tacha con X un número del 1 al 5 en las casillas de la derecha, según corresponda.

 

 

 

A las MUJERES
he dicho cosas como esto

 

A los HOMBRES
he dicho cosas como esto

 

En situaciones de conflicto…

 

Nunca

Rara vez

Algunas veces

Frecuentemente

Siempre

 

Nunca

Rara vez

Algunas veces

Frecuentemente

Siempre

1

“¿No te das cuenta de lo estúpido/a que eres?”

 

1

2

3

4

5

 

1

2

3

4

5

2

“No se me da bien esto. Simplemente, no sé cómo hacer que te sientas mejor”.

 

1

2

3

4

5

 

1

2

3

4

5

3

“¿Qué está pasando? Necesitamos hablar”.

 

1

2

3

4

5

 

1

2

3

4

5

4

“No te sirvo de ayuda. Nunca sé qué decir”.

 

1

2

3

4

5

 

1

2

3

4

5

5

“Tenemos que concretar eso”.

 

1

2

3

4

5

 

1

2

3

4

5

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